El objetivo de los cuidados prenatales es el asegurarse de que todo embarazo culmine en un niño sano sin deterioro de la salud de la madre.
Antes del auge de la obstetricia moderna, la mujer embarazada solía tener el el transcurso de su embarazo una sólo entrevista con su médico, la cual suponía un intento de calcular la fecha de parto. Cuando era visitada de nuevo por un médico, la mujer podía bien haber sufrido los dolores y angustias de una convulsión eclámptica, haber experimentado grandes escalofríos y fiebre alta, o esforzándose para expulsar un feto de gran tamaño, pero muerto. Se ha demostrado que los cuidados antes del parto tienen un gran valor en la prevención de estas y muchas otras situaciones de peligro para la madre y el bebé.
Aunque no es necesario decir que los cuidados prenatales no deben de perjudicar, en ocasiones la asistencia prenatal puede ser una espada de dos filos, en lugar de mejorar el resultado de la gestación puede empeorar debido a diversas causas, entre ellas los consejos dietéticos incorrectos, la prescripción innecesarea de fármacos y el hecho de no destacar lo suficiente la necesidad de comunicar de inmediato qualquier hecho anormal que ocurra. El embarazo tiene que considerarse , a priori como normal. Por desgracia la gran variedad de los cambios funcionales y anatómicos inducidos por la gestación determinan que algunos autores tiendan a catalogar el embarazo como una enfermedad.
Es imprescindible que el médico que asume la responsabilidad de la asistencia prenatal esté muy familiarizado con los cambios que entran dentro de la normalidad así como las anomalías impuestas por el embarazo. Una mala asistencia prenatal puede ser peor que no hacer nada en lo absoluto.
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